Por Elizabeth Leyton Rivillo

 

“Es una verdad universalmente reconocida que… “una dama” sin saberlo marcaria una cantidad inimaginable de generaciones con su obra “Primeras Impresiones”

Cuando surgió la brillante idea de realizar por nosotros mismos, integrantes del grupo Jane Austen Chile, reseñas de personajes del mundo de nuestra querida Jane, No fue difícil buscar inspiración Mi tocaya, la única e inigualable Elizabeth Bennet fue la primera que se me vino a la mente, siendo mi primer personaje literario femenino favorita, ahora lo desafiante será hacer una reseña que pueda cumplir con las expectativas de ustedes los lectores y espero sea una obra digna de su lectura.

Hija del reverendo George Austen, Tanto Jane como su familia eran “ávidos lectores de novelas y para nada avergonzados por ello”. Como así era el caso, Jane leía novelas de Henry Fielding y de Samuel Richadson entre otros autores, es de este último en su libro titulado”Sir Charles Grandison” donde Jane se interesa por el personaje de Charlotte quien “…era una joven franca, de juicios y comportamientos a menudo errados, pero siempre cautivadora, brillantemente animosa y del todo humana, una imagen que proyectaba ella misma cuando  hablaba, o los demás, cuando se refería a ella. Con amor y lealtad fraternal, sus provocaciones, su elocuencia, su salidas, la “malicia en sus ojos, que hace que uno la quiera y, al tiempo la tema”, Charlotte Grandison fue sin duda una primera fuente de inspiración para Elizabeth Bennet [1]

Primero es la inspiración, y en Octubre de1796, a la edad de 21 años, comienza a escribir First Impressions, y la acabó aproximadamente  nueve meses después. Pero no fue hasta noviembre de 1812, con 36 años, cuando alguien estuvo dispuesto a comprar los derechos de autor del ahora “Orgullo y Prejuicio” (editado y acortado de su versión original). Publicada finalmente un 28 de enero del año 1813

En una carta a su hermana Cassandra, Jane llega a llamar a su nuevo libro “mi propia y amada criatura”. Las críticas fueron de inmediato extremadamente favorables, y centraban la atención en el personaje de Elizabeth Bennet, y el entusiasmo del público fue mayor aún.

Pero ¿Quién es Elizabeth Bennet?, Describir a “Lizzy” no es fácil, pero comenzaré con lo básico, Siendo su residencia Longbourn, es la segunda de cinco hijas de los señores Bennet, la segunda también en belleza, es la predilecta de su padre, pero la menos querida por su madre debido a su inteligencia. Madre que inculca siempre a sus hijas que su futuro depende de la posibilidad de hacer una buena boda.

Elizabeth se caracteriza por ser dedicada y mostrar una desinteresada preocupación por quienes le rodean. En particular con su hermana mayor Jane y posee además una relación privilegiada de amistad con Charlotte Lucas llegando a ser hasta confidentes de sus pensamientos.

Ama los paseos solitarios, muestra su amor por la naturaleza, pero revela también su carácter introvertido. A pesar de que se siente cómoda en la sociedad y ama conversar, cuando está emocionada o perturbada, tiene la necesidad de buscar la soledad a leer, reflexionar, hacer balances, pensar con cautela las decisiones a tomar y que puede comentar y que no con su querida hermana Jane y Charlotte Lucas

Esta característica que Jane Austen le otorga a Elizabeth de disfrutar de eternos y placenteros paseos por el campo se puede interpretar cuando en el año 1798 Jane pasa unos días con su amiga Catherine Bigg en Manydown, descubre el placer de pasear sola. “He disfrutado mucho de la helada negra que hubo la semana pasada, y un día, mientras aún la había, fui andando sola hasta Deane. No recuerdo haber hecho algo semejante en toda mi vida” dice a Cassandra.[2]

Austen confiere a la protagonista cuatro cualidades admirables – vitalidad, inteligencia, seguridad en sí misma y capacidad de pensar donde todas estas características se ponen a prueba a través de la trama al momento de conocer personajes que llegan a remecer de algún modo su vida “simple de campo”.

No es de sorprenderse que una mujer así atraiga “siendo consciente o no” de la admiración de una variedad muy particular de personajes masculinos descritos con gran astucia por nuestra admirada escritora.

Elizabeth posee la habilidad de poder ser fuerte y protegerse de cualquier “peligro” (refiriéndome a “peligro” la ligera atracción que sintió en su momento por el “Adorado Whickham”). Otro “valiente” es Collins, primo de su padre,  quien tuvo el valor suficiente para proponerle matrimonio, tampoco fue un candidato digno de ella y su personalidad se lo hizo saber, trayendo como consecuencia de ese rotundo no, la “perdida” de su mejor amiga al aceptar ésta al Señor Collins. Provocando un conflicto interno de parte de nuestra protagonista, el cuestionar como nunca antes había hecho a su amiga el aceptar un matrimonio por conveniencia. Jurándose que si algún día llegase a casarse, lo haría por amor.

“A poca gente quiero de verdad, y de muy pocos tengo buen concepto. Cuanto más conozco el mundo, más me desagrada, y el tiempo me confirma mi creencia en la inconsistencia del carácter humano, y en lo poco que se puede uno fiar de las apariencias de bondad o inteligencia”. La frase anterior dicha por Elizabeth refuerza su profunda desilusión de Charlotte al momento de aceptar a Collins, pero es una frase que al transcurrir doscientos años no pierden su vigencia y repercute hasta el día de hoy.

Elizabeth se describe como una persona La juiciosa y realista, pero dentro de estos “peligros” y “conflictos” que enfrenta, entra en escena un hombre que la desencaja en todos los sentidos posibles. El Señor Darcy, un hombre inteligente, rico e introvertido, pareciendo hasta arrogante y orgulloso delante de extraños. Lo primero que revive de él es un desprecio al subestimar su belleza, ejemplo de ello se muestra en el siguiente párrafo:

“…y, volviéndose, miró por un momento a Elizabeth, hasta que sus miradas se cruzaron, él apartó inmediatamente la suya y dijo fríamente: ––No está mal, aunque no es lo bastante guapa como para tentarme; y no estoy de humor para hacer caso a las jóvenes que han dado de lado otros… El señor Darcy se alejó; y Elizabeth se quedó allí con sus no muy cordiales sentimientos hacia él. Sin embargo, contó la historia a sus amigas con mucho humor porque era graciosa y muy alegre, y tenía cierta disposición a hacer divertidas las cosas ridículas”

 

Lizzy, en lugar de sentirse ofendida, se toma las cosas con humor, un humor que utiliza tanto para defenderse como para atacar, pero no transgrede las normas sociales. Es claramente el centro moral de la novela, y sus juicios hacen que sean lo bastante sorprendentes para construir el eje en torno al cual se mueve la trama

Ni en el  momento de conocer la participación de Darcy en la infelicidad de su querida hermana y hacer una propuesta de mano no tan galante Elizabeth abandona su ingenio, y expresa todo lo que piensa de un hombre que no tiene en “buena opción”.

“Desde el comienzo mismo, casi puedo decir que desde el primer instante de mi relación con usted, sus modales que impidieron en mi la más arraigada creencia en su arrogancia, su vanidad, su egoísta desdén a los sentimientos ajenos, me parecieron tales, que al punto asentaron los cimientos de la desaprobación que los sucesos posteriores han convertido en desagrado firme; y aunque no le hubiera conocido sino hace un mes, habría pensado que era usted el último hombre en el mundo con que yo desearía casarme”

Pero Elizabeth no es un personaje que solo dice lo que piensa y prejuiciosa como se cree en un comienzo. Rescato que es capaz de hacer un mea culpa de sus palabras,  mucho más al enterarse de la verdadera personalidad humanitaria y desinteresada de Darcy, y es capaz de hacer un giro de 180° de sus sentimientos, es capaz de madurar y  consolarse de un amor que en su momento cree perdido, que con un poco de ayuda de Lady Catherine de Bourgh, acepta una segunda propuesta de matrimonio, resultando hasta el día de hoy, una de nuestras parejas favoritas del mundo de Jane y de las que, como no decirlo, se han realizado innumerables adaptaciones exitosas.

Solo puedo concluir que si algunas seguimos en busca de nuestro “Señor Darcy”, debemos ser capaces de transformarnos en “sus” Elizabeth.

En una carta a Cassandra, Jane se expresa diciendo: “¡La pobre estaba entretenida! Tú sabes que eso no podría evitarlo, con dos personas como nosotras dirigiéndola, pero Elizabeth parece gustarle de verdad. Debo confesar que yo creo que es la criatura más deliciosa que jamás haya aparecido en blanco y negro, y no sé cómo hare para soportar a aquellos a quienes ni siquiera les guste” [3]

Y a casi 200 años de su fallecimiento tenemos un consuelo, nuestra querida Jane Austen nos hubiera “soportado”

 

[1] Tomalin, C. (1999). Jane Austen. Barcelona; Circe (pág. 81)

[2] Tomalin, C. (1999). Jane Austen. Barcelona; Circe (pág. 157)

[3] Tomalin, C. (1999). Jane Austen. Barcelona; Circe (pág. 233)

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