“Mansfield Park, es la mansión  rural de Sir Thomas Bertram, en Norhamptonshire, a la cual va a vivir, por invitación de lady Bertram, una sobrina, Fanny Price, la hija mayor de una hermana suya que se ha casado con un simple teniente de Marina. Fanny es menor que los hijos de los Bertram, dos varones y dos mujeres […], y ninguno le presta atención a Fanny, con excepción de Edmund,el menor que es bueno con ella y acaba ganando su afecto”(Tomalín, 1999)

Es común, entre quienes amamos a Jane Austen, escuchar entre sus personajes favoritos a Elizabeth Bennet, Emma, Anne Elliot, entre otros. Pero ¿Dónde queda Fanny Price? ¿Quién es ella?

Fanny Price tenía solo diez años cuando llegó a la familia de los Bertram, en su primera aparición no es cautivante, pero no había nada que disgustara a sus parientes, ella era pequeña en edad y no tenía ninguna belleza llamativa. Era sumamente tímida, y aunque era un poco torpe, pero no era vulgar y su voz era dulce y cuando hablaba su semblante era bonito. Sin embargo esta descripción no es lo mejor, de hecho hasta un poco insultante, por no ser “deficiente en belleza impactante” o “cautivadora”. Por lo que esto cae por debajo de un punto de referencia socialmente valorado. Para alguien de diez años es un juicio fuerte.

Fanny crece en un entorno donde no tiene voz ni voto en la familia; su deber es, como se lo recuerdan siempre, ayudar a todos y agradecer el esfuerzo que sus tíos hacen por criarla. Este aspecto es importante y justifica el carácter “insípido” de ella. Recibe la misma educación que sus primas (Maria y Julia), pero siempre está en desventaja: o le cuesta aprender idiomas o memorizar las largas listas de nombres de emperadores romanos o ríos de Rusia (recordemos que en aquel tiempo, tener una buena educación consistía básicamente en memorizar datos y desarrollar talentos: pintar, aprender a tocar algún instrumento, etc.); o su salud débil le impide tomar parte de las actividades que realizan sus primas. Su tía Norris le hace constantes reproches sobre su situación de segundona, por lo que Fanny ocupa el papel de observadora, y es esto último lo que le ha dado a Fanny la capacidad  de sacar sus propias conclusiones: en la vida se debe actuar con propiedad, juzgar el carácter de los demás con acierto, debe existir el deber de ser fiel a una tradición honrando a la familia.

Con lo anteriormente mencionado, Fanny crece tímida, es algo insípida, aprende  querer la soledad, e intenta pasar lo más desapercibida posible, posee la capacidad de guardar para si las reflexiones, debido a su entorno y la manera en que ha debido enfrentar la vida desde temprana edad, Fanny ha debido aprender a moldearse, resultando ser una mujer sencilla, humilde, discreta, pero también una chica dulce con unos principios muy firmes, y da pena, rabia verla someterse a quienes la tratan mal.

Es inevitable comparar a Fanny con Emma, ambas son opuestas en carácter. Si hablamos de soledad, la soledad de Emma se basa en su posición más alta en la vida y la independencia de su padre en su hogar, sin embargo, la soledad de Fanny se debe a su situación enteramente opuesta ya que ella no tiene lugar dentro de la casa de los Bertram. Por otro lado Fanny en ningún momento se rebela contra las personas que le rodean, sino más bien acepta su situación, siendo muy diferente a una Elizabeth Bennet quien es capaz de poner en su lugar a todo aquel que la ofenda (con respeto y educación), y así mismo muy diferente a una Emma Woodhouse.

Admiro la habilidad de Fanny a moldearse a sí misma. Al tener el talento de observar con un ojo muy fino todo lo que le rodea, este  le ha ayudado en todo sentido, a partir de su esfuerzo por honrar con su conducta, el orden y belleza que percibe en lo que le rodea. En un momento de la novela, Fanny exclama al contemplar la grandeza de una noche estrellada a pesar de no estar viviendo su mejor momento:

“Cuando contemplo una noche como esta, tengo la sensación de que ni la maldad ni el dolor pueden existir en el mundo; y es seguro que de las dos cosas habría menos si se atendiera más a la sublimidad de la naturaleza y la humanidad llevara su mirada un poco más allá del círculo de mezquindades en que se encierra, contemplando un espectáculo como éste” (Austen,1814)

 

Es que Fanny es un personaje a quien debemos admirar, un personaje que logra ver lo bueno de las cosas, que logra sacar fuerzas desde lo sencillo para poder enfrentar su entorno, podemos darnos cuenta que Fanny es un personaje valiente (muy valiente para su época), enfrentando de mejor manera las situaciones que le toca vivir. Fanny nos da una lección de vida, en donde si tu entorno sea bueno o malo, siempre debes encontrarte a ti misma, encontrar tu lugar.

Cabe destacar que Fanny pasa a ser una espectadora de lo que ocurre, a protagonista de la historia al volverse atractiva a los ojos de Henry, quien decide conquistarla, pero admiro en gran manera a Fanny al rechazar la propuesta de matrimonio de él. Ella sabe que dicho matrimonio es conveniente y pasaría a ser la envidia de muchas de su época, sin embargo ella le rechaza, para otros, dicho acto fue igual de ser una desagradecida, pero nos damos cuenta que ella es una mujer decidida, y que no quiere ser infiel a sus sentimientos más profundos.

Comenté en un inicio que Fanny posee una desventaja en educación, no deslumbra a nadie con su inteligencia, que no poseía una “gran belleza”,  pero ella posee algo que pocos tenemos, una personalidad deslumbrante, siendo un ejemplo de fortaleza interior, sensatez, de esperanza cuando todo se ha perdido. Jane escribió a una heroína “invisible”, quien lejos de ser la mejor en expresarse y defender sus argumentos, como una Elizabeth Bennet o Emma, ella es una defensora de los sentimientos reales, de la búsqueda de la verdad en su debido tiempo

Biografía:

Tomalin, C (1999). Jane Austen. Barcelona; Circe (Pág. 334)

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *