Por: Maggie Smith Ferrer

                Licenciada y Magíster en Literatura

Universidad de Chile

Miembro Jane Austen Chile

22 de junio de 2017

“My words fly up, my

thoughts remain below;

words without thoughts

Never to heaven go”

William Shakespeare, Hamlet

 

Para quienes somos ávidos lectores de Jane Austen la charla de Sandie Byrne, profesora de Literatura Inglesa, escritura creativa y Doctora de la Universidad de Oxford, constituía un deleite y, ciertamente, un compromiso. Este martes 20 de junio, varios de los integrantes de Jane Austen Chile nos organizamos y desplazamos por Santiago lo más rápido que pudimos para reunirnos y llegar a El Mercurio. A pesar del frío y del cansancio propio de la jornada de trabajo, nos sentíamos entusiasmados y expectantes. Tras un café, un té o una copa de espumante, el agotamiento se disipó y estábamos listos, cuaderno y lápiz en mano, para comenzar…

Ciertamente, fue una grata sorpresa llegar a la Charla y ver la cantidad de personas que se congregaban ahí. Jane, sus novelas, su mente brillante, la construcción de sus personajes, su narrativa única y su voz magistral no solo nos fascinan a nosotros, sino que comprobamos que muchos lectores experimentan el mismo interés nuestro. Todos estábamos en esa sala probablemente para responder las mismas preguntas, las interrogantes que inauguraron la exposición de Sandie: ¿por qué la obra de Jane Austen, a 200 años de su muerte, sigue fascinando y cautivando lectores de todas partes del mundo? ¿Por qué continuamos leyendo sus novelas y disfrutando sus historias? ¿Por qué esta novelista inglesa ha trascendido en tal magnitud y cuál ha sido su influencia en la literatura universal? Todas estas interrogantes pueden ser resumidas en una única pregunta esencial: ¿por qué seguimos leyendo a Jane Austen?

Sandie Byrne comienza su charla estableciendo que, si bien en las obras de Austen el tema del amor y el romance se manifiesta, estos no son los temas principales de su obra. De hecho, Byrne plantea que sus novelas no son románticas y comprueba esta afirmación dando cuenta de la ausencia de escenas “sentimentales y romanticonas” en sus obras. Efectivamente, el amor no es el tema central de sus obras. En la trama de sus novelas se hace poca referencia al romance. Desde el análisis de Sandie Byrne, los temas presentes y desarrollados en las obras de Austen son: el dinero y la propiedad, el individuo y la sociedad, la moralidad, la apariencia y el ser (“seeming and being”), y… en un guiño irónico, casi tan irónico como el de la propia autora analizada, Sandie nos dice que en sus novelas ¡no hay zombies! Afortunadamente, ¡esto ya lo sabíamos!

En esta reseña, revisaremos algunos de las temáticas analizadas por Sandie Byrne en su charla.

Según la Doctora de la Universidad de Oxford, Jane Austen fue una mujer práctica y pragmática, y por esto mismo su tema principal no es el amor. En las novelas de Austen podemos ver el tema de la hipocresía y cómo muchos de sus personajes intentan ser lo que realmente no son. Una problemática social y pugna interna que podemos ver hasta el día de hoy.

Otro tema fundamental en la obra de la autora es el de la propiedad y el dinero:  la necesidad de tener un techo, un hogar y seguridad económica. En un principio nos parece un tema trivial y, quizás, mundano. Y probablemente, lo es. Pero la maestría de Jane es que trata el tema con ironía, humor y seriedad al mismo tiempo. En Orgullo y Prejuicio, la señora Bennet nos parece una mujer ridícula, histérica y una “cazafortunas”. No obstante, la señora Bennet es una mujer práctica. Pensemos… sus cincohijas no tienen una educación completa e integral y, por lo tanto, no tienen la formación necesaria para desempeñarse como institutrices. El señor Bennet no tiene ahorros para sus hijas. Ergo, el matrimonio es la única forma en que las cuatro señoritas Bennet puedan vivir de manera segura.

En relación con este mismo tema, Sandie Byrne analizó el personaje de Charlotte Lucas. Debemos recordar que Charlotte se casó con el Sr. Collins, y sobre la base de este hecho, la expositora se pregunta cómo podemos categorizar a Charlotte: ¿mercenaria o pragmática? Nuevamente, nos enfrentamos a una mirada pragmática. Ciertamente, Charlotte no está enamorada, pero quiere tener y crearse una vida propia. Su matrimonio con el señor Collins es su manera de salvarse y formar su propio hogar.

En Mansfield Park, Byrne observa un concepto que ella llama la “matemática del matrimonio”. Establece la existencia de una curiosa ecuación: “una niña linda + 10.000 libras = baronesa con un buen ingreso”. Nuevamente, una visión pragmática del matrimonio.

En cuanto a la temática de la propiedad y el dinero, es interesante cómo Sandie Byrne expone el valor que cada personaje tiene dentro de las novelas. Los personajes saben cuánto valen económicamente; los personajes saben cuál es el ingreso económico de quienes los rodean. Todos los personajes de Orgullo y Prejuicio tienen absoluta claridad sobre la renta que recibe anualmente Fitzwilliam Darcy, por lo tanto, todos saben cuánto vale este personaje en términos económicos. Y este hecho, se asocia a la importancia que cobra el sentido de la propiedad como forma de subsistencia.

Por supuesto que en sus novelas nos enfrentamos a personajes que creen en el amor y que desean casarse por afecto, y no por una mera conveniencia. Este es el caso, por ejemplo, de Elizabeth Bennet. Sin embargo, el análisis realizado por Sandie Byrne prueba que las novelas de Jane Austen distan de ser obras narrativas románticas y melosas. Sus obras exponen temas reales de su época, sobre todo en relación con la posición y el rol de la mujer en la sociedad. Eso sí, Byrne nos advierte, que es peligroso analizar a Jane Austen como una autora feminista. Esta relación puede tornarse forzada y antojadiza, sobre todo si pensamos que en la época este término ni siquiera se acuñaba. Austen fue una mujer diferente, reflexiva, con una mente aguda y una forma crítica de percibir el mundo y analizar su entorno. No obstante, no se configura como una autora feminista, en el sentido actual del término.

En relación con el tema de la apariencia y el ser (“seeming and being”) la Doctora Byrne analiza la descripción inicial que el narrador realiza sobre Emma y cómo las palabras tienen un valor profundo que dan cuenta de esta dualidad entre lo que se dice ser y lo que se es realmente. Byrne analiza la siguiente cita:

“Emma Woodhouse, handsome, clever, and rich, with a comfortable home and happy disposition, seemed to unite some of the best blessings of existence; and had lived nearly twenty-one years in the world with very little to distress or vex her”[1]

 

En esta presentación del personaje, el lector se enfrenta a la caracterización de una joven adinerada, bonita, con una vida fácil y, probablemente, mimada y consentida. Sin embargo, al analizar la cita nos damos cuenta del uso de un verbo que cambia la perspectiva sobre el personaje. El narrador nos dice que Emma pareciera (seemed) que reúne algunas de las mejores bendiciones de la existencia. En esta cita podemos observar cómo el valor de la palabra nos entrega una caracterización de un personaje que parece ser de una forma, pero que en realidad es de otra.

Sandie Byrne realiza una pregunta fundamental para todo lector (y me atrevería a decir fanático de Jane Austen): “¿por qué realmente leemos a Jane Austen una y otra vez?” La experta afirma: no leemos a Jane Austen una y otra vez por la trama de sus novelas; leemos y releemos a Jane Austen por su estilo, esencialmente, por su voz narrativa.

Desde el punto de vista del estilo, Byrne destaca la presencia y el manejo literario de lo siguiente: la ironía, el humor, la comedia, la parodia a la formalidad, el uso innovador del diálogo (cada personaje tiene una forma particular de hablar y usar el diálogo, lo que es absolutamente nuevo para la época), y el uso del discurso indirecto libre (free indirect discourse).

En términos de estilo, en las novelas de Jane Austen hay una voz narrativa que relata la historia, pero esta voz narrativa va tomando el estilo de cada personaje cuando estos establecen un diálogo. Esta es una técnica muy útil, pues permite al narrador tomar distancia para ser irónico con los personajes, pero simultáneamente acerca al lector a los personajes, pues estos son caracterizados a través de sus propias “voces” y de esta forma nos resultan más familiares. Sandie Byrne también afirma que el narrador que crea Jane Austen es un narrador extradiegético, y es un narrador que critica y emite juicios. En esta instancia de la charla, Byrne aprovecha de detallar algunos aspectos en relación a la personalidad de nuestra autora. Tal como sus narradores – dice Byrne – Jane Austen también era crítica, era profundamente reflexiva y también expresaba juicios. Sandie Byrne revela que a Jane no le gustaban los niños y que era demasiado inteligente como para ser relegada a la imagen de la “tierna y amorosa tía Jane”.

Desde el punto de vista de la metaficción, hay ciertos momentos en las novelas en que el narrador se hace a un lado y aparece la autora. Este hecho da cuenta de cómo Jane Austen tenía plena conciencia de su rol como novelista y autora. Este tema se puede ver con mayor detalle en la novela Northanger Abbey, en cuanto se realiza una verdadera defensa de la novela. En esta obra se presenta la novela como una forma de ficción que alberga la vida misma. Incluso, desde esta perspectiva, esta obra es tan potente que el lector casi puede oír la voz de la novelista enojada que defiende a la novela. Desde el prisma de la metaficción en el desenlace de Northanger Abbey, la autora nos recuerda que estamos leyendo una novela, una historia. Su conciencia del rol del novelista es profunda e interesante.

En cuanto a la voz narrativa, Byrne agrega que esta es una voz muchas veces paródica. Por ejemplo, en relación con la parodia a la formalidad, la voz narrativa ridiculiza los usos formales del lenguaje, precisamente, usando un lenguaje formal con el objetivo de mofarse.

En relación con la ironía, Jane Austen la utiliza con absoluta y verdadera maestría. La ironía es utilizada por la voz narrativa y, además, es usada en el diálogo por los propios personajes.

Precisamente, es la construcción de los personajes, el uso de la ironía y la maestría del estilo del narrador lo que distingue a las novelas de Austen. Por ejemplo, si analizamos Emma, desde el punto de vista de la trama en esta novela no pasa “nada”. Lo interesante de la trama no se basa en la historia en sí misma, la trama es apelativa en cuanto los personajes son interesantes y se van desenvolviendo y desarrollando desde una óptica interna; y esto guarda relación con la forma en que Austen logró construir y expresar el mundo interno de los personajes. Para Byrne, en Emma la historia sucede en virtud de la personalidad de los personajes.

Indudablemente, Jane Austen logra construir, en sus novelas, personajes interesantes que llaman la atención (porque son adorables o, precisamente, porque acabamos detestándolos), lo que se relaciona con la genialidad en el uso del diálogo. Austen le otorga a sus personajes maneras idiosincráticas de hablar. De esta manera, muestra cómo son los personajes. Por ejemplo, Lydia Bennet se configura a través de cómo habla y usa el lenguaje. Lydia habla usando un lenguaje como si viviera en un siglo pasado, y este uso del lenguaje -extraño y extemporáneo para el contexto histórico en que se sitúa la novela- retrata al personaje, desde el punto de vista psicológico, como una jovencita ridícula. El señor Bennet, exhibe su personalidad irónica a través del diálogo. Otro caso es el del señor Collins: el uso de oraciones largas y llenas de palabras pomposas muestran su personalidad. Jane Austen exhibe cómo piensan sus personajes y cómo son psicológicamente. Nuestra novelista logra esto a través del diálogo. Cada personaje habla de una manera diferente y con un estilo particular, lo que logra caracterizarlos de manera individual. En cuanto al uso del discurso indirecto libre (free indirect discourse), claramente no es posible afirmar que es propiamente corriente de la conciencia, como en el caso de las obras de Virginia Woolf o James Joyce. Sin embargo, el uso de este discurso logra que el lector se sienta más cerca de los personajes y de cómo estos piensan. La autora entrega la impresión de cómo son los personajes, lo que, como afirma Byrne, provoca la sensación de cercanía entre lector y personaje.

Como lectora, Jane Austen leyó mucho desde temprana edad. Fue una lectora crítica y reflexiva. Para Byrne, Jane Austen nació con grandes talentos, pero la clave de su genialidad se basa en el trabajo duro que realizó, lo que la llevó a construir novelas complejas y enriquecedoras en cuanto al estilo, al uso del lenguaje, la edificación de la voz narrativa y al uso excelso de la ironía. Para quienes leemos y disfrutamos de las obras de Jane Austen, su destreza es innegable, pero el trabajo que realizó como escritora para construir sus novelas es lo que finalmente la llevan a trascender universalmente. Quizás, esta sea la razón que explica porqué, después de 200 años, seguimos leyendo, una y otra vez, sus novelas.

 

[1] Austen, Jane, Emma, Introduction by Steven Marcus, George Stade Consulting Editorial Director, Barnes & Noble Classics, New York, p. 3.

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